La simplicidad es el nuevo lujo.

Retomando algunos de los conceptos de algunas tendencias actuales, compartimos la creencia de que las prendas no deben definir a quien las viste, sino que han de articular un discurso complementario de su persona.

Cuando hablamos de simplicidad queremos incidir en el aspecto de la atemporalidad: la permanencia es antagonista del fast fashion, el buen diseño es lo que marca su vigencia. Queremos que nuestras prendas hablen por ellas mismas, que el diseño no se vea eclipsado por el adorno. Por eso centramos nuestra atención en los materiales –naturales y de alta calidad–, la ingeniería de los tejidos, el ajuste reflexivo, la pureza de los colores y los pequeños pero importantes detalles como las costuras, las etiquetas japonesas, o los botones de madreperla. La simplicidad también es una extensión de nuestra personalidad.

La elegancia es discreción. Es el equilibrio perfecto entre no llamar la atención sobre uno mismo y a la vez comunicar al resto nuestro compromiso por hacer las cosas bien. Se basa en la conducta, en la gracia inherente y en lo que está en tu corazón.

El estilo, por su parte, puede ser lo opuesto a la moda o el más grande complemento. Es un proceso de tutelaje que ayuda a sacar lo que somos. El estilo es atemporal, pero al mismo tiempo puede evolucionar a medida que maduramos

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«La simplicidad es la clave de la verdadera elegancia.»